Nuevo viaje mental

El paseo por la realidad virtual podría revolucionar el turismo —mientras nos convierte a todos en unos encerrados—.
Hombre Maxim   |  2015-08-10  Kyle Chayka



“Es probable que te quieras sentar”, me dijo Mike Woods. 
Me reclinó en una silla de oficina y un segundo después, al zumbar a través de un túnel espacio-temporal que parece un tornado hecho de pura luz, me encuentro parado en una playa en Hawái. Los colores son vívidos y ricos, la luz del sol moteada. El sonido de las olas repercute en mis oídos, las palmas se balancean con el viento y el enorme océano brilla en el horizonte. Estoy solo.

De inmediato siento calma. Es asombroso y juraría que mi piel se calienta bajo la luz del sol y una ligera brisa trae la humedad del agua. Mi ritmo cardiaco comienza a desacelerarse, pero mientras muevo mi cuello para revisar los árboles de coco, el paisaje se pixelea. Es como spring break en World of Warcraft. 

Estoy inmerso en la experiencia de la realidad virtual, bien llamada Teleporter, creada por el estudio británico de medios digitales Framestore. La expedición hawaiana, junto con el viaje virtual hasta arriba de un rascacielos en Londres, fue diseñada por los hoteles Marriott para que los huéspedes experimenten el futuro del viaje. Woods, el fundador del departamento digital de Framestore, me ayuda a retirarme el visor, un Oculus VR Rift. Es entonces cuando caigo en la cuenta de que el rocío del océano en realidad eran gotas de sudor que se juntaron en mi frente, alrededor de los bordes de los grandes goggles.

“Es lo más cerca que estarás de la experiencia real”, me dice Woods.

Todos esos antiguos agentes de viaje que perdieron sus trabajos debido a la revolución digital, aún no han visto nada. Las empresas de RV trabajan fervientemente para hacer posibles aventuras que te permitan viajar alrededor del mundo desde la comodidad de tu propio sofá. ¿Quieres escalar una réplica digital de la Gran Muralla China? ¿Remar por el Amazonas? Sólo “engánchate”, como lo dijo Ralph Fiennes en Strange Days. “La gente en los próximos años tendrá un cuarto separado en su casa que sólo sea para cosas como ésta”, afirma Woods. “Si quieres ir a pasar un rato hasta arriba de la Torre Eiffel o en una montaña en Islandia, podrás”. 

Será barato, seguro y libre de problemas. “Piensa en todo el trauma involucrado en un viaje: la cantidad de gérmenes del avión, el dinero que cuesta, el tiempo que toma”, dice Jeremy Bailenson, director fundador de Virtual Human Interaction Lab. de Stanford University. “La RV te permite viajar cuando quieras, no cuando tienes que”. Olvídate de los cacheos de seguridad, jet lag, equipaje perdido, menús desconcertantes, colchones incómodos y gente local depredadora, todo lo que hace que el viaje real sea una monserga. Al Oculus Rift nunca se le acaba el espacio en los compartimentos superiores.

Así es como suele hablar la gente tech: con una seguridad de que una nueva herramienta va a cambiar radicalmente todo. ¿Recuerdas la vida antes de que el Segway cambiara por siempre la forma de transportarse, o cuando TaskRabbit  cambió el comercio? Precisamente. Y sin embargo, la investigación sugiere que el viaje virtual sí ofrece la salud mental en comparación con lo real. Un reciente estudio elaborado por la University of Melbourne encontró que 40 segundos de “microdescansos” viendo una simulación virtual de la naturaleza aumentó la capacidad del trabajador para enfocarse en sus tareas. Las personas de RH ya se preguntan: “¿Realmente necesita la gente vacaciones?”.

Ahora todos estamos familiarizados con el Oculus Rift. En 2012, Palmer Luckey de 19 años, que trabajaba en el Institute for Creative Technologies de USC, desarrolló un visor barato de RV que atrajo el interés de sus profesores. Entonces lanzó un Kickstarter y reunió más de 2.4 millones de dólares. El año pasado, después de entregar los primeros modelos, Luckey vendió la compañía a Facebook por 2 mil millones de dólares. Mientras tanto, varias compañías RV compiten con tecnologías similares, mientras los blogueros tech y otros usuarios tempranos desvarían con la experiencia.

Scott Broock es el vicepresidente de contenido en Jaunt, una compañía RV en San Francisco. Cuando me encuentro con Broock en un bar de West Village, está vestido con un blazer, camisa a cuadros y lentes de diseñador como un ejecutivo de Hollywood. Broock pone un Oculus Rift sobre mi cabeza y de repente estoy parado en un callejón mugriento lleno de grafitis. Un alienígena zumba a mi campo de visión y comienza a hacerle al DJ en un par de tornamesas intergalácticas.

Una gran experiencia RV “te permite sentir que te escapaste”, me dice Broock. 

Marriott está considerando incorporar RV a sus cuartos de hotel, una forma de publicitar sus otras propiedades y permitir que los huéspedes “prueben destinos antes de que vayan”, dice Michael Dail, el vicepresidente de marketing de la empresa. “Estamos repensando el entretenimiento en el cuarto”.

Sería como los avances de películas, pero para destinos. Antes de que salgas a ver San Francisco en vida, primero asómate a lo que podrías estar haciendo en Estambul. ¿Pero aumentarán las ventas? Sin dudarlo, los hoteleros podría meter pay per view adulto en el Oculus. Los huéspedes nunca se irían.  En cuanto a la idea del viaje virtual, mi torbellino de destinos pixeleados me deja añorando los gloriosos inconvenientes de un vuelo retrasado o un termostato del hotel descompuesto. Sin importar la perfección del escaneo 3D, la vacación virtual nunca logrará replicar lo mejor de ir a otro lugar: hallazgos fortuitos.

En una vacación virtual, cada paso está marcado. El programador es tu guía y nunca podrás alejarte del grupo. “No puedes decir que descubriste este pequeño restaurante, conociste a esta gente increíble en la calle o viste un concierto improvisado”, dice Sean Murphy, editor en jefe de Jetsetter, un sitio web de viajes. Con todo su bombo publicitario, la RV es más una postal que un viaje. Aplana lo que debería ser un viaje multisensorial a un hueco facsímil de lo mismo: un excelente desarrollo para los mercadólogos, pero muy lejos de ser el Holodeck de Star Trek. “No lo veo como un reemplazo; lo veo como una forma de inspirar a la gente para que viaje más”, dice Albert “Skip” Rizzo, un psicólogo que lanzó un laboratorio RV en USC en 1996. “La gente siempre irá en carne viva. No tienes la sensación de la arena, del sol brillando sobre ti, todos esos sentidos táctiles”. Pero sin duda, las empresas lo intentarán: ya están trabajando para hacer a la RV más táctil. El Teleporter de Marriott originalmente simulaba la brisa del océano con un rociador.

El mejor viaje RV en mi tour se lleva a cabo en Spectacular, un estudio clandestino en Brooklyn, en donde visito “Exquisite City”, una versión surreal de Belgrado que mezcla escaneos 3D del lugar real con elementos que conjuran un mod drogado de Minecraft. Cuando James George, el cocreador de la pieza, pone el Oculus sobre mi cabeza, me encuentro en un paisaje urbano nocturno en donde las estrellas brillan sobre mí como pixeles en el cielo oscuro. ¿O fue al revés y los pixeles son las estrellas?

Al navegar el terreno con ayuda de un teclado, me topo con edificios hechos por completo de cajeros automáticos, un rascacielos construido de escalones independientes y árboles creciendo a la inversa. “Eres un antropólogo en un planeta alienígena”, me dice George. La experiencia es profundamente perturbadora, pero no me cansa. Toda la noción de que el viaje RV debe simular a lo real, de repente parece un error. Lo desconocido es lo que ofrece un gran viaje. No es estar parado frente a la Torre Eiffel y tomar una foto, se trata de platicar con una guapa estudiante de arte que te invita a su fiesta casera en un barrio extraño y caminar preguntándote qué le pasó a tus pantalones. Entre más te alejes de tu realidad diaria, más fácil parecerá que realmente fuiste a algún lugar y descubriste una parte tuya que no conocías.

Así que si serás uno de esos primeros usuarios que ya quiere estar acostado sobre una playa virtual, adelante. Sólo significa más espacio en la arena para el resto de nosotros que preferimos lo real.


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Foto: Rick Wenner