Rough and Ready

Con mujeres extasiándose con el estilo barbón de hombre macho conocido como el “lumbersexual”, es hora de que tipos promedio dejen de afeitarse y aprovechen el momento.
Estilo   |  2015-05-13  Gabriella Paiella



El sexo fue bueno. “Un poco duro en la mejor de las formas”, dice Emily, una rubia delgada de 36 años que se encamó con un desaliñado y musculoso alasqueño llamado Matt mientras vacacionaba en Nueva York hace no mucho. Después de muchas citas con sosos brooklynenses, encontró en la dureza, robustez y look Hombre vs Naturaleza de Matt (menos Christian Grey y más Opie Winston) una irresistible atracción. Y eso fue antes de saber que Matt realmente trabajaba para una empresa maderera. “La rasurada limpia no es lo mío”, explica. “Dame espalda ancha, dame una barba. Quiero un hombre que pueda hacer cosas”. 

Tiene suerte. El lumbersexual (como su primo más extravagante, el beardo) primero apareció en enclaves hipster como Bushwick, Portland y Austin hace algunos años. No pasó mucho para que sus huellas callosas y varoniles estuvieran en la imaginación popular, y tipos a la moda agregaran camisas de franela de 375 dólares y mezclilla meticulosamente pre-maltratada a su imagen. 
Ahora sitios de citas se suben a la tendencia: LumberMatch y Bristlr unen al fornido e hirsuto con las mujeres que los aman. 

¿No estás familiarizado con el tipo? Como el escritor Tom Puzak lo dijo cuando acuñó el término el pasado otoño, el lumbersexual parece “como un hombre de los bosquesÂ… en su mochila carga una MacBook Air pero parece que debería cargar un hacha de leñador”. En centros urbanos, podría ser un chef, artista de tatuaje, orfebre o un tipo tech que simplemente perdió su rastrillo. Y se ponen al nivel de los metrosexuales. 

No desde los días de la expansión hacia el oeste las mujeres se obsesionaron tanto con la gruesa musculatura y actitud fogosa del fornido y robusto hombre libre. Toma el blog popular Your LL Bean Boyfriend, que muestra fotos de modelos corpulentos en tejidos gruesos con cuellos altos con el eslogan: “Te construirá una mesa y luego tendrá sexo contigo sobre ella”. O el bigotón rockero indie Justin Vernon de Bon Iver, que levantó su carrera como solista en una cabina aislada en la naturaleza.

La actriz Megan Mullally encontró a su compañero de vida lumbersexual en el actor y fisiculturista Nick Offerman, con fama de Parks and Recreation. Antes de conocer a Offerman, dice Mullally: “Salía con estos tipos bateristas de rock and roll, andróginos y medio gays”. El primer verano, Mullally visitó a Offerman en Minnesota: “Nick tenía la idea de dar un paseo romántico en el lago a media noche en su pontón. Dejó el faro delantero encendido mientras flotábamos y cuando fue a encender el motor, estaba muerto. Así que nos llevó a la orilla con un remo. Tomó cuatro horas. Y fue mi primer probada del superhéroe interno”. 

Dr. Michael Kimmel, un investigador de masculinidad, dice que al escoger vestirse como leñadores y marineros, los lumbersexuales “evocan lugares de trabajo que eran sólo masculinos [y] requerían una gran cantidad de fuerza física”. Llama a la tendencia “el equivalente sartorial de Fight Club”. La lumbersexualidad llega como un liberador bienvenido del estilo de vida opresivo del cubículo —incluso aunque la gran parte del tiempo que un lumbersexual pasa al aire libre es dedicado a beber cerveza artesanal en la terraza de un bar—.

Ahora la fantasía se volvió masiva: ve la barba de Julian Edelman (página 29), sin duda, una de las entregas más virales del Super Bowl —después, quizá, del granjero que derrite por perder un cachorro—. Mientras tanto, realities que exploran ambientes rudos —Deadliest Catch, Black Gold, Ice Road Truckers, Alaskan Bush People— se colocan muy alto en la tele, debido en gran parte a la atracción erótica de ciertas televidentes femeninas.

También Hollywood cae ante las botas con punta de acero del lumbersexual. Tomemos a Matthew McConaughey, quien porta una barba desaliñada que podría leerse como “ermitaño en el bosque”Â… si no fuera por la impactante esposa a su lado. Chris Pratt se habrá tonificado para Guardians of the Galaxy, pero fue su desaliño cordial lo que captó a millones de mujeres en primer lugar. Charlie Hunnan de Sons of Anarchy tendrá un gran trasero varonil, pero sigue siendo el ideal platónico del chico malo rústico. Y Game of Thrones es un desfile de virilidad con voz rasposa. 

¿Pero qué significa para tipos reales —hombres de la vida diaria que llevan sus vidas más allá de los confines de Greenpoint o Silver Lake, que saben de un cigüeñal y pueden partir un trozo de madera, que cazan y pescan, y quizá nunca pensaron en una llave inglesa como accesorio—?
Llegó tu momento, caballero. Eres caliente. Es hora de tomar ventaja. 
Porque estos otros hombres, los cuates hipster con su camisa a cuadros de lana de A.P.C, llevan mordiendo tu estilo y sesgando el premio romántico por demasiado tiempo. Las mujeres no quieren realmente un facsímil pálido del hombre macho y vigoroso: quieren el artículo original. 

Julieanne, de 29, una sureña sexy sólo los llama: “tipos del campo”. Según sus investigaciones personales, encuentra que suele estar bien dotado y es hábil en la cama. “Casi todos han estado súper emocionados por encuerarme, de forma oral pero no agresiva”, se entusiasma, “y muy interesados en asegurar que la pase bien”. Recuerda con orgullo “darle repetidamente a un ávido cazador de patos en la caja de una pickup en un bosque del Georgia rural”. 
Resulta que ese trabajo difícil —el que no requiere de un mouse pad— parece que sí paga. 



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Foto: @lanedorsey