Slack Attack

Con su adictiva app de comunicación, Slack, Stewart Butterfield construyó un negocio de mil millones de dólares en dos cortos años. Más impresionante: logró hacer que el trabajo se sienta divertido.
Hombre Maxim   |  2015-05-22  Jeff Bercovici



Si eres el tipo de persona que se queja constantemente de su trabajo corporativo, Stewart Butterfield no sentirá simpatía hacia ti. Pero sí tiene un remedio. Su nueva empresa en San Francisco, Slack, construyó una marca de mil millones de dólares al aliviar el dolor de la cultura del lugar de trabajo. 

Slack, una aplicación de software que permite a los equipos colaborar a través de mensajes grupales y chat persona a persona compartiendo archivos, reemplaza los rituales más aburridos de la economía de información: el hilo responder a todos del email, la reunión diaria de estatus y la llamada de conferencia; también soporta emojis personales.

Butterfield, de 41 años, sabe de lo aburrido. Vendió su última compañía, el servicio para compartir fotos Flickr, a Yahoo, trabajando ahí tres años brutales mientras la bestia web sangró la vida de su creación —y luego renunciando con un ahora legendario email—. No es un accidente que usar Slack se sienta más un juego que trabajo: como Flickr, nació de un desafortunado lanzamiento de videojuego. Por fortuna, como todo gamer sabe, siempre puedes reaparecer e intentar de nuevo. Así es como lo logró. 

— Jeff Bercovici

Durante los primeros cinco años de mi vida crecí en una cabaña de madera en la costa de British Columbia en un pueblo muy pequeño, con 300 habitantes casi todos hippies. Sin agua corriente, sin electricidad. Cuando tenía 12 cambié mi nombre: de Dharma a Stewart. A esa edad sólo quieres ser normal. 

Flickr y Slack comenzaron como juegos, pero eran más una cuestión de intentar construir un cierto contexto para interacción social. Hay mucha gente en Silicon Valley que dice que tu ejecución importa mucho más que tu idea. El hecho de que fallaran ambas ideas iniciales de juego pero que algo más funcionara, es una buena evidencia de esa postura. 

Hay mucho que está mal con la forma en que trabajamos: malos hábitos que se desarrollan alrededor del control de información, gente acaparando información como una forma de preservar su propio poder. Cuando usas Slack, todos pueden ver qué sucede porque el modo default es público. 

Desde afuera, Yahoo era muy exitoso. Hacía dinero; seguía siendo más grande que Google. Pero cuando llegué, supe cómo se ve una compañía desastrosa por dentro. Hay muchos vicepresidentes y básicamente era una guerra territorial entre ellos. Casi toda la energía se dirigía a la política y peleas internas. Ahora que balanceamos a Slack, soy muy consciente al evitar esas cosas. 

No vivo como Jesucristo, pero una vez que llegas al punto en donde financieramente no importa lo que pidas cuando sales a comer, no pienso que hacerte más rico haga una gran diferencia en tu nivel de felicidad. 

Hice un posgrado para convertirme en profesor de filosofía. Un amigo mío terminó su doctorado en filosofía y acabó con un terrible trabajo en Kentucky, no en donde quería vivirÂ… Era mi futuro. Estábamos en 1998, los primeros días del punto-com. Tenía muchos amigos que sabían hacer páginas web. Se iban a San Francisco para ganar el doble de dinero y divertirse mucho. Así que dejé la escuela. 

Lanzamos Slack en el momento preciso. Si hubiéramos iniciado este proyecto hace tres años, no hubiera despegado de esta forma. No puedo decirte exactamente por qué es así. En 10 años lo podré hacer. Estas cosas no son obvias al principio, sino que lo son en retrospectiva.

Ves personas de todo tipo que son geniales y luego ves a quien no le importa y es desconsiderado. Me siento agradecido con todos quienes felizmente hacen un buen trabajo, y a las personas que hacen un terrible trabajo en cosas sencillas las odio. Ni siquiera me importa qué haces, encuentra algo más que hacer. 

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Foto: Carlo Ricci